Historia


Historia

Los orígenes del actual distrito de San Antonio se remontan al pasado histórico del pueblo apurimeño, cuando era denominado Pamparakay, que significa Galpón de Llanuras (Pampa, que significa llanura; y Raqay, galpones). Primigeniamente estaba ocupado por ayllus que pertenecían a los Yanahuaras, Cotaneras y Umasuyos, por lo que se testimonia la existencia de ayllus de los Huayllas, los Kollas y los Minkas. Como prueba de la existencia, existen ciertas construcciones arqueológicas en las quebradas del río de Oropesa, especialmente en la zona denominada Kalla, en cuya parte superior se encuentra la fortaleza de Kukurunko, que es una especie de construcción de la nación de los Umasuyos, relacionados con las ciudadelas de Chirirque y Huachacalla.

Lo mismo sucede en la la zona denominada Parakaypata, que presenta desde un principio, una topografía asombrosamente irregular, rodeado de farallones y abismos profundos, que al menor descuido del visitante, este puede aparecer entre los pedregosos causes de los ríos de Parakay u Oropesa. En esta parte existe otra zona con atractivos respecto a su formación histórica, llamada Inticancha, es un lugar llamativo, que presenta construcciones antiguas y la presencia de rocas con formas esculturales que la propia naturaleza ha podido esculpir. El lugar que tiene bellos paisajes y atractivos, es la quebrada de Kalla, lugar considerado como un cacicazgo. Se encuentran en este lugar canales antiguos de regadíos y caminos. Uno de estos va directamente a la ciudadela de Chirirque. Además, en este sector existen cuevas y rocas con pinturas rupestres.

En la época de la colonia, el año 1612, perteneció a la parroquia de Ayrihuanca, donde los religiosos de la orden de los Augustinos llegaron a servir incluso al curato de Curasco. Posteriormente, el año 1782, perteneció a la parroquia de Mamara, con la denominación histórica de su origen “Pamparakay”. En la época de la república, hasta la década de 1940, este sector seguía siendo considerado como un curato, perteneciente a la parroquia de Ayrihuanca, y poco después a Mamara, hasta que finalmente con Ayrihuanca y Curasco, son anexados a Vilcabamba.

La historia de San Antonio, se remonta también a cuando formaba parte del territorio del distrito de Progreso, provincia de Grau. Tuvo como vocación predominante la constitución de un espacio eminentemente agropecuario, que aunado a su práctica guerrera, configuró las actividades cotidianas de sus primeros habitantes. Habitaron el distrito varias tribus, entre ellas: Kallas, Taipes, Meskas, las cuales integraban el grupo de los quechuas “Umasuyos”; quienes más adelante formarían el Kuntisuyo, así, constituyeron la tribu principal, siendo su sede la zona de San Antonio y teniendo a Pukara, el CokarunKo, como ciudadela fortificada donde se veneraba al cóndor en una imagen de piedra de 8m. de altura.

La presencia de los españoles significó la desestructuración de la economía agrícola de los habitantes, tal como lo estableció el Virrey Toledo en 1570, lo que permitió la d distribución de las tierras agrícolas a unidades familiares individuales, que, en principio habían pertenecido a antiguas ocupaciones prehispánicas como Vilcabamba o Mamara, de manera tal que los invasores se afincaron en espacios productivos estratégicos.

A ello se sumó la presencia de españoles y portugueses que se orientaron principalmente a la actividad minera al descubrir en los años 1600 la mina de Ccochasayhuas en el actual distrito de Progreso, lo que originó la formación de varios caseríos para proveer de insumos y trabajadores, para la explotación de las minas.

Durante el periodo republicano, las haciendas continúan siendo la modalidad de tenencias de tierras predominantes. En Grau, las haciendas de mayor importancia se establecieron en zonas de piso de valle, como es el caso de Vilcabamba y Huayllati, donde aparte de producir fruta y maíz, se establece el ganado vacuno. Pero, en forma paralela y con más fuerza hacia la segunda mitad del siglo XIX, se dinamiza el mercado de tierras, por lo que se incrementa la pequeña propiedad parcelaria y los campesinos comienzan a adquirir tierras inferiores a una hectárea.

En las épocas más recientes, ya en los años 80 y 90 se vivió una época de violencia socio política que golpeó dura y trágicamente a los pueblos de la sierra Surandina de nuestro país; y uno de sus impactos fue la migración de familias completas y sobre todo de los jóvenes. A la pobreza secular de los pueblos andinos, se sumó la violencia que quebró la estructura social y productiva, la pobreza se profundizó y el pueblo se sumió en el abandono.

A inicios del presente siglo empieza una etapa de reconstrucción social. Si bien es cierto que el retorno se viene dando, es poco significativo. Es sobre la base de la población que soportó y de los niños que ahora son jóvenes que se viene recuperando y reconstruyendo el tejido social. Los nuevos tiempos como el proceso de descentralización, presentan condiciones diferentes que demandan de respuestas innovadoras y sobre todo conjuntas, para ello el fortalecimiento de capacidades es una prioridad.

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